Milicias universitarias

Texto escrito por Dr. Luis Doña, profesor de Marketing en la Universidad de Sevilla.

Hace unos meses escuchaba a los compañeros de trabajo hablar sobre sus vivencias durante la realización del servicio militar, las famosas historias de la “mili”. Se reían y contaban mil anécdotas que le sucedieron durante nueves meses de su juventud. Escuchándoles atentamente reflexionaba acerca del hecho de que los jóvenes de hoy no tenemos estas famosas historias que contar. Aunque luego recordé que la mili de hoy en día puede ser sustituida por una experiencia más positiva y menos marcial: las becas Erasmus. De hecho, es una alusión que ya he visto en algún que otro artículo. Recordé una conversación con Yann, un amigo suizo que estaba conmigo en clase durante mi beca Erasmus. Con la tristeza y esa nostalgia temprana que comienza con el fin de la beca me comentaba que tenía la misma percepción de su Erasmus que de la época que hizo el servicio militar (en Suiza todavía es obligatorio y la hizo antes de empezar la universidad).

Ciertamente ambas tienen algunas similitudes: tienen una duración parecida en la mayoría de los casos (9 meses); supone el enfrentarse a un nuevo destino (ya no se pregunta dónde hiciste la mili, sino dónde hiciste la Erasmus); comparten las mismas sensaciones de miedo e incertidumbre ante una nueva experiencia; supone un antes y un después en la madurez de una persona. Si antes se comentaba a quién conociste en la mili y de dónde eran tus compañeros ahora sucede lo mismo con la Erasmus. Si antes se narraba cómo se libraba del sargento o conseguía días libres. ahora el discurso es cómo se la ingeniaron para aprobar las asignaturas de forma que todavía ni entienden. En definitiva, ambas experiencias permiten inundar el anecdotario de una persona y se convierten en experiencias inolvidables.

Sin embargo, la universidad ya por sí misma puede convertirse en la nueva mili sin necesidad de realizar una beca Erasmus. Todo depende de las inquietudes y la predisposición del alumno universitario.

Desde un punto de vista académico, desde la teoría del marketing y en la entrega de cualquier servicio hay un concepto fundamental como es el VALOR. Resulta fundamental para las universidades, comprender que la educación superior no ofrece productos o prestan servicios, sino que ofrecen VALOR (LeBlanc y Nguyen, 1999), A pesar de la importancia de este concepto, apenas ha sido analizado en las investigaciones académicas. Un estudiante universitario deposita grandes cantidades de esfuerzo, ilusión y confianza en la obtención de un título universitario y espera que se recompense con una buena formación, con la adquisición de conocimientos, con encontrar un trabajo, hacer buenos amigos o tener en el futuro un nivel de vida de acuerdo a sus expectativas.

En definitiva, que el sacrificio realizado (horas de estudio, dinero, etc.)  sea superado por el beneficio resultante de su experiencia universitaria. La realización de un grado tiene claramente un valor epistémico (disfrute en la adquisición de conocimiento), funcional (por ejemplo, un salario alto o adquisición de habilidades) o condicional (unas buenas infraestructuras sería un ejemplo). Pero en nuestro entorno universitario alcanza una mayor dimensión el valor emocional y, sobretodo, el social. Roberts (2005) afirmaba que un título universitario es “un billete de primera clase para el viaje de la vida” pues normalmente tiene unos beneficios mayores en cuanto a condiciones laborales y de calidad de vida.

Todos los que han pasado por la universidad recuerdan los amigos que hicieron, los ratos en la cafetería de la facultad, las fiestas o el piso o la residencia de estudiantes para quienes se mudaban de ciudad. Toda esta experiencia social o emocional depende en gran medida de la propia implicación y predisposición del estudiante a “explotar” la época universitaria. De hecho, también podemos volver a comparar el mundo militar con el universitario. Un estudiante puede clasificarse del siguiente modo en función de sus experiencias y anécdotas durante la universidad según su implicación:

  • Soldado: acude con poca frecuencia a clase y sólo piensa en aprobar los exámenes.
  • Cabo: siempre acude a clase y tiene una gran vocación por aprender y suele salir algún jueves con los compañeros de clase.
  • Sargento: además del disfrute académico realiza actividades complementarias dentro de la universidad (cineclub, algún equipo universitario o forma parte de la delegación de alumnos) y suele ir a distintas fiestas o barriladas de las facultades.
  • Teniente: se diferencia del sargento en cuanto que por circunstancia personales o por una beca Séneca, puede realizar sus estudios fuera del domicilio habitual contando con experiencias como el piso de estudiantes o la vida de residencia universitaria.
  • Capitán: además de todo lo comentado, realiza alguna beca Erasmus contando con una experiencia internacional.

Cuanto mayor es el rango, mayor será la satisfacción con la etapa universitaria y mayor será el anecdotario y el valor social y emocional.

En definitiva, la antigua mili y la universidad ofrecen la misma proposición de valor: una experiencia única e irrepetible donde además del aprendizaje juegan un papel fundamental las vivencias que luego con el paso de los años volverán en forma de nostalgia.

Es evidente que el sector de la educación superior es un sector estratégico (como dice el informe Europa 2020) para cualquier sociedad y tiene un papel tanto a nivel macro (economía o bienestar) y micro (de la vida de cada persona). En la filosofía del marketing hay una clara orientación a los diferentes públicos objetivos para la generación de valor que no puede ser obviada por la gestión universitaria. Las universidades pueden controlar de modo más eficiente el valor epistémico y funcional pero también debe ofrecer servicios complementarios o sociales para mejorar la experiencia del estudiante. Potenciando el nivel emocional incluso se llegará a un identificación y sentimiento de pertenencia del alumno con su institución como sucede, por ejemplo, en las universidades estadounidenses.

 

Citas bibliográficas:

LeBlanc, G y  Nguyen, N. (1999). Listening to the customer’s voice: examining perceived service value among business college students, International Journal of Educational Management, 13 (4),187-198.

Roberts, T. S. (2005). Self, Peer, and Group Assessment in E-Learning. Hershey. PA: Idea Group Publishing.

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