Felipe VI, Rector de la Universidad de Sevilla

Nuevas reflexiones sobre #EleccionesUS a Rector/a del Colectivo Hamlet: María Jesús Albarreal,
Teresa Duarte, Miguel Ángel Olalla, David Patiño, José Pérez de Lama y Curro Villarejo.

Puede que el destino o tal vez los intereses particulares de unos y de otros hayan querido que, los más de 70.000 miembros de la comunidad universitaria de la Universidad de Sevilla, en menos de dos meses y medio tengamos que elegir quien será presidente o presidenta del Gobierno y al Rector o Rectora para los próximos cuatro años.

Y aunque ambos procesos electorales tendrán importantes diferencias, como señalaremos más adelante, también son muchas las coincidencias y paralelismos entre ellos.

Las legislaturas que ambos gestores, Mariano Rajoy y Antonio Ramírez de Arellano, terminan (el segundo de forma anticipada) han venido marcadas por los recortes en materia económica que han dificultado el desarrollo y crecimiento, así como el normal funcionamiento de las instituciones responsabilidad de cada uno de ellos.

Además, ambos han respondido a esta situación culpando a otros. El presidente del Gobierno a las medidas obligadas desde Bruselas y a la herencia recibida del anterior Gobierno de Zapatero y nuestro Rector a los gobiernos central y autonómico; bueno, a este algo menos, aunque haya sido culpable del crecimiento de la deuda con proveedores de la Universidad, del frenazo en seco a la ayuda a la investigación, del incumplimiento de compromisos firmados mediante convenio colectivo del profesorado laboral,… El culpable supremo, para el ex Rector de la Universidad de Sevilla tenía cara y nombre, José Ignacio Wert, que a base de decretazos nos ha ido imponiendo unas medidas de recorte de becas, incremento de las tasas, empeoramiento de las condiciones de la docencia, elitización de la investigación, entre otras, que sin duda han supuesto un deterioro, puede que irrecuperable, de la universidad pública en estos cuatro últimos años.

Otro paralelismo ha sido el de utilizar, como instrumento político para defender las decisiones tan polémicas que han tomado, el miedo de que todo puede ser peor si abrimos el debate constitucional, si votamos las opciones populistas, si volvemos a las políticas de anteriores gobiernos socialistas… Suena muy parecido a lo que en la Universidad de Sevilla hemos oído con relación a la modificación del Estatuto de la US para alcanzar el acuerdo sobre el sufragio universal, abrir el convenio colectivo del PDI laboral para incluir las nuevas figuras laborales no recogidas, o cuando se ha demandado la constitución de una mesa de negociación de todo el profesorado de la US.

Pero todo no son similitudes en estas dos historias paralelas. Para empezar, de toda la comunidad universitaria de la US, solo el grupo de claustrales (algo más de 300 entre profesores, estudiantes y personal de administración y servicios) elegidos en la legislatura anterior tendrán la posibilidad de dar su voto al candidato/a o candidatos/as (si es que los hay) para la elección del nuevo Rector/a. Sería algo así como si el actual congreso de los diputados tuviese que elegir al futuro presidente del Gobierno. Nos podemos imaginar el resultado, ¿verdad?

Y otra importante diferencia mucho más preocupante es que de las elecciones generales del 20-D serán cubiertas intensamente por los medios, la opinión pública tendrá la obligación y la posibilidad de participar, se producirá el debate entre candidatos y programas. Todo lo que conlleva una campaña electoral cuando se trata de decidir algo tan importante para los españoles como el presidente de su Gobierno en los próximos cuatro años.

Pues en la Universidad de Sevilla puede que haya algunas diferencias. Puede que, a menos de dos meses vista, algún miembro de esta comunidad no se haya enterado que vamos a elegir al Rector/a para los próximos cuatro años. Puede que alguno desconozca hasta el sistema de elección y cómo se elige al máximo representante de la institución. Puede que los medios locales, tan ajenos a la vida universitaria y a la contribución económica y social de esta Universidad, apenas le dediquen algunas líneas cuando se acerque la convocatoria, posterior  campaña y día de la elección. Puede que entre el personal de esta institución, el profesorado y el de administración y servicios, no surja un intenso debate abordando los temas que preocupan al futuro de nuestra Universidad y su papel en la sociedad. Puede que no se presente más que una candidatura continuista del anterior Equipo de Gobierno y que por ello haya una ausencia de debate entre alternativas, ni exista la necesidad de alcanzar acuerdos y compromisos con los colectivos a los que se va a representar durante cuatro años.

Puede que algún claustral despistado se presente ante la urna en el Claustro con los sobres salmón del Senado y blanco del Congreso de los Diputados, y lo que es peor, que el 20-D acuda a su colegio electoral con un sobre en blanco vacío y ante la pregunta del presidente de la mesa le responda: “¿Has elegido tú a Felipe VI?” Pues eso.

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