El Titanic de DiCastro

No paro de pensar en la escena de la oscarizada Titanic (1997) en la que los músicos, fieles a su oficio y vocación artística, continuaron tocando su pieza ajenos a la tragedia que a su alrededor se vivía a sabiendas de que el destino final de sus vidas y de sus amados instrumentos serían las gélidas aguas del océano Atlántico en la madrugada del 15 de abril de 1912. Y tampoco puedo dejar de pensar en su protagonista, encarnado por DiCaprio, como un chico de barrio, polizón en un transatlántico de lujo, que quería vivir el sueño americano de mejor vida y que pudo, al menos por unos momentos, vivir ese sueño de grandeza antes de ser engullido por el inmenso océano que se tragó el barco de sus sueños.

Pero tranquilos, no voy a escribir de barcos de lujo que se hunden ni de sueños de grandeza del que aspira a vivir una vida mejor de la que el destino de nacimiento le proveía. ¿O tal vez sí?

Voy a hablaros de un barco universitario cargado de años de historia (más de quinientos), construido sobre el astillero de la ciencia con logros y resultados, sin duda, excelentes a lo largo de su larga vida. Pero esta nave ha estado gobernada en los últimos años por una saga marinera que ha ido haciendo suyo un estilo y una forma de patronear la embarcación que no contentaba a toda la tripulación. Esto les ha permitido ir bogando en mares turbulentos y condiciones adversas y mantener la nave a flote contra viento y marea. Aunque a veces, muchas veces, esto ha sido a costa del esfuerzo excesivo y del sacrificio de los marineros y la dotación de la sala de máquinas, que no siempre han visto recompensado su arduo esfuerzo por mantener la nave en rumbo y derrota adecuados.

Y voy a hablaros de su actual comandante, quinto de la saga, que llega a su cargo por la marcha del anterior capitán embarcado ahora en naves de mayor calado y que, sabedor del malestar que parte de la dotación vive hace unos años, llega intentando convencer a la marinería de que los nuevos tiempos han traído una nueva forma de gobernar la nave, más democrática, más participativa y, por supuesto, más sensible con los problemas que viene padeciendo su personal.

La nave, bautizada como Universidad de Sevilla, se encuentra zozobrando y contracorriente en un tema de vital importancia para su futuro, como es el sistema de elección a rector/a. Las naves universitarias, tras la aprobación de la LOU (LO 6/2001), adaptaron sus estatutos para establecer el sistema de elección a rector/a por sufragio universal directo y ponderado entre los distintos sectores que componen la comunidad universitaria. Sólo la nuestra, la Universidad de Sevilla, aprovechó la oportunidad que le diera la modificación del artículo sobre el sistema de elección a rector en la LOMLOU (LO 4/2007), para sustraer este derecho a la prole y modificar el Estatuto de la US para imponer el sistema de elección a rector/a por el Claustro, un selecto grupo de elegidos, que tienen a su criterio (casi siempre individual) la potestad de elegir desde entonces a los sucesores en el gobierno de la Universidad de Sevilla.

En las últimas elecciones a rector/a de la Universidad de Sevilla, celebradas el pasado mes de diciembre, hasta dos candidaturas fuera de la oficialista presentaban como punto de partida de sus programas electorales devolver a la comunidad universitaria la posibilidad de elegir a su rector/a por sufragio. El candidato oficial, lejos de prometer el sufragio como sistema adecuado para la elección, prometió llevar el debate al Claustro, si salía elegido. Textualmente leímos  en su programa electoral: “Convocar debates abiertos y extensos sobre el sistema de gobierno de la Universidad y, en particular, sobre el sistema de elección del rector  (ver Objetivo 2. Compromisos http://miguelangelcastroarroyo.us.es/programa/en-los-instrumentos )”.

Ya como rector electo, Miguel Ángel Castro, lejos de promover un debate abierto y participado por toda la comunidad universitaria de un tema que les afecta en su conjunto, ha decidido arbitrar un sistema en el que insta, sólo a los claustrales (300 sobre una comunidad de cerca de 80000) a que envíen sus propuestas a la mesa del Claustro. Pero no solo sobre el sistema de elección a rector/a, sino también sobre el sistema de elección de decanos de facultades y directores de escuela, sobre los porcentajes de ponderación de representación entre los cuatro sectores presentes en el Claustro, e incluso sobre la viabilidad del sistema de voto electrónico. Toda una amalgama de temas, más o menos relacionados con el sistema de elección a rector/a, pero que sin duda provocan un enmarañamiento del tema central, la elección del rector/a por sufragio o por el Claustro, con temas colaterales que en nada han sido demandados por la comunidad universitaria como principal tema a debate. Si a esto unimos que el procedimiento de reforma del Estatuto de la Universidad de Sevilla viene claramente recogido en su artículo 146, y que solo podrá producirse a instancias del Consejo de Gobierno o por la petición formal de al menos 90 claustrales, no entendemos a qué viene promover un sistema paralelo al margen de lo reglamentariamente establecido para tratar un tema de tanto calado como es el de la elección a rector/a.

¿Qué es lo que pretende el señor rector con su sistema paralelo de consulta y debate sobre este tema? Si lo que quiere es conocer la opinión de la comunidad universitaria sobre cuál es el sistema que prefiere para elegir a su rector, debería promover una consulta entre toda la comunidad universitaria, y no solo preguntar a los claustrales. Si lo que pretende es que el debate sea abierto y extenso, como prometió en campaña que haría, no parece que impulsar un sistema cerrado de recogida de la información, sin dar ninguna voz al resto de la comunidad universitaria ni divulgar por ningún medio la apertura de este debate, sea el proceder más adecuado para lograr este compromiso de debatir abierta y extensamente sobre el sistema de elección a rector/a. Si, además, al proceso le unimos las fechas elegidas para este debate cerrado, petición de opiniones y claustro de debate con la Semana Santa de por medio, y convocatoria de un claustro posterior para el voto en diferido, permitiendo el manipulable y torticero voto anticipado, nos vuelve a mostrar un claro deseo de que todo pase lo más desapercibido posible y de que se niegue la oportunidad real de participación a la comunidad universitaria.

Al menos, entre la dotación de la nave, algunos marineros del sector estudiantil y del sector docente han levantado sus voces para denunciar esta situación irregular que esconde el verdadero debate sobre el sistema de elección a rector/a y que promueve una posible reforma estatutaria con un proceso al margen del regulado en el Reglamento de Funcionamiento del Claustro de la Universidad de Sevilla. Este grupo disidente, a modo de motín reglamentario, está promoviendo una reforma estatutaria para devolver el sufragio universal a la Universidad de Sevilla. Y lo está haciendo con el respaldo de un número suficiente de firmas de claustrales a favor del sufragio, que promulgan un debate abierto, transparente, plural y participativo por parte de toda la comunidad universitaria.

A ver cómo se lo toma el comandante de la nave. Esperemos que no nos la hunda del todo.

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